Las buenas prácticas forenses deberían permanecer

Los abogados recordamos con cariño el momento expectante en el cual pisamos un tribunal por primera vez. Aquella vez, la noche anterior desempolvé mi corbata y ordené mi traje a los pies de la cama, también lustré los zapatos nuevos. Al otro día con paso aparentemente seguro y el corazón a mil, caminé hasta el edificio que albergaba los tribunales penales, civiles y la Corte de Apelaciones.

Ingresé al edificio, saludé al guardia con una inclinación de cabeza y el guardia me ignoró. Luego caminé sin rumbo un par de horas, subiendo y bajando escaleras y traspasando puertas. Saludé a un par de profesores que si tenían cosas que hacer y con aire despreocupado estuve hojeando el expediente que algún inadvertido había dejado sobre el mesón.

Fue una mañana sublime, a pesar que las suelas de mis zapatos nuevos, me hicieron resbalar un par de veces. Estaba acostumbrado a calzar zapatillas, en mis períódicas asistencias a la universidad a estudiar el examen de grado.

Antes de la tramitación electrónica, ir a los tribunales era el ejercicio de todos los días. Te encontrabas con otros colegas y cruzabas un par de comentarios sobre la contingencia política o deportiva y algún chisme de palacio. Era usual ver grupos de dos o tres abogados, en algún café próximo al edificio.

Por supuesto, debías enterarte del avance de las causas, no había otra forma para presentar por escrito las peticiones al tribunal. Y por supuesto asistías a las audiencias personalmente.

Si estaba lloviendo, no era grato en una ciudad donde el agua cae desde arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba y tranversalmente también. Agreguemos a ello el viento que hace inviable usar paraguas.

La tramitación electrónica nos relegó a las oficinas y la pandemia nos encerró

Con la llegada de la infromática, sin duda que fue el momento en el cual los paseos a los tribunales disminuyeron notablemente. excepto a las audiencias presenciales. Los abogados mayores desconfiaban del sistema, necesitaban leer las cosas en papel, e igualmente iban a tribunales. La adaptación tecnológica, como en tantos ámbitos de la vida humana también hizo lo suyo.

Aún recuerdo la primera vez que generosamente un colega me enseñó los principales comandos de word. Fue el momento mágico en el cual advertí que era el futuro y me sumé gustoso a la nueva tendencia. Años después vino la tramitación electrónica y todo se convirtió en PDF´s. Tremendo golazo de Adobe.

El desarrollo de la telefonía celular, permitió que nos comunicáramos instantáneamente entre colegas. Los tribunales comenzaron a quedar vacíos.

Pero una vez que nos cayó encima la pandemia, definitivamente todo se hizo virtual y los tribunales derechamente cerraron las puertas.

El Estado dictó la Ley Nº 21.226, que en general ha reglamentado bien el trabajo judicial. Debimos usar zoom y es la forma como trabajamos desde entonces, hasta que estemos vacunados al menos el 70 por ciento de la población.

Pero veamos el vaso medio lleno

Creo que en este tiempo, hemos aprendido algunas prácticas muy positivas para el trabajo de abogados. Con tribunales separados geográficamente, bien podías imitar al conejo de Alicia en el País de las Maravillas…¿qué hora es?…¡voy atrasado!

Tantas audiencias que no requieren la comparecencia física. No veo utilidad práctica en trasladarse, a veces varios kilómetros, para pedir formalmente que el tribunal ordene al ministerio público cerrar la investigación o para discutir el aumento de plazo.

Son cuestiones que se despachan en un par de minutos.

Defensor:

-Señoría, habiendo vencido el plazo de investigación, pido el cierre bajo el apercibimiento del artículo 247 del Código Procesal Penal.

Juez:

-¿Algo que decir el Ministerio Público?

Fiscal:

Señoría, la fiscalía comunica que ha cerrado la investigación, con esta fecha.

Juez:

Se tiene por cerrada la investigación y por comunicada la decisión.

Además, los tribunales han asumido la saludable costumbre de agrupar ese tipo de audiencias en un solo día y hora de la semana. Les decimos «audiencias concentradas». Esa genialidad ocurrió antes de la pandemia.

Convengamos también que los alegatos por la vía telemática, han suprimido esas esperas en la Corte, donde el sol que da en el pasillo en verano, no es la única incomodidad. Puedes aprovechar la mañana en otras cosas e incluso disfrutar de un café, en la comodidad de tu oficina los fríos días de invierno.

Cuando superemos la pandemia, la idea es que este sea un tiempo de aprendizaje. Podemos lamentarnos todos los días por el encierro y ver con rostro compungido las noticias en televisión. También es posible estar atentos a los hábitos y costumbres que en el nuevo escenario nos hagan más eficientes y con una mejor calidad de vida.

Vamos por esto último.

Abogado, Magister en Derecho Penal, Profesor de Derecho Penal, Procedimiento Penal y Litigación Oral.

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