Gobernarse y gobernar

En un sistema de separación de poderes, todos deben ejercer controles recíprocos y la Acusación Constitucional es aquel mediante el cual el Parlamento fiscaliza los actos de gobierno. Como la gran mayoría de las instituciones no es creación de nuestro país, sino que se origina en el impeachmet inglés que tenía por objeto ejercer control sobre los actos de los funcionarios de la corona y de ahí pasó a la Constitución de Estados Unidos. En nuestro país, puede eventualmente significar la destitución de un Ministro de Estado y su inhabilitación para ejercer cargos por cinco años.

Las facultades de los órganos, se asemejan a un arma cargada. Si usted posee un revólver de seis tiros, claramente no va a andar amenazando por ahí ni disparando a la menor provocación, estará consciente de la responsabilidad que significa la posesión y porte y esperemos que el Estado no se haya equivocado cuando le permitió tener un objeto mortal que claramente no es un juguete. No veo la diferencia con el ejercicio de las atribuciones fiscalizadoras del parlamento.

Las acusaciones constitucionales no son una cuestión de votos, sino que de méritos. El equilibrio entre los poderes, exige que las mayorías parlamentarias practiquen la contención que otorgue estabilidad al sistema político, sobre la base de no usar el mecanismo como una herramienta de guerra. El juicio político no está concebido para molestar al adversario, ni siquiera para favorecer la posición en la próxima elección, menos es una moneda de cambio.

Es verdad que el país está muy fragmentado, sobre todo después del 18-0. No es correcto, parapetarse en las facultades del parlamento para desbancar al contrario. La faz agonal de la política, se la juega mediante la proposición de alternativas, la oposición deber ser capaz de construir un proyecto que cautive a la mayoría. El prestigio de la política tiene mucho que ver con formas creativas de solución de los problemas. No aporta mucho, pintar la estatua de Baquedano de color rojo.

Necesitamos un sistema democrático estable, especialmente ahora que nos encaminamos hacia el proceso constituyente. Si el país no está ordenado políticamente, me temo que el resultado final va a ser deficiente. Nueve acusaciones constitucionales en un gobierno, es la manifestación más clara de la administración incontinente de las facultades, especialmente si hasta ahora sólo ha prosperado una de todas. Lo correcto es guardar el arma, para cuando su uso sea efectivamente necesario.

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