El mito de la hoja en blanco

Ninguna constitución surge por generación espontánea, como un big bang. En las últimas tres, la de 1833, la de 1925 y la de 1980, existen múltiples instituciones que tuvieron continuidad, como ocurre con el Congreso bicameral, la Corte Suprema o la democracia como forma de gobierno. Es cierto que los matices son distintos, pero no hay ningún cambio tan radical en materia de forma de Estado o de gobierno. Esa aspiración tan chilena, de inventar la rueda, tampoco se materializará en este caso.

Opino que la revolución constitucional mas importante tuvo lugar en 1989, cuando la naciente democracia debió aggiornar algunos aspectos para solidificar los consenso. Me refiero al artículo 5º de la Carta, que estableció como deber de los órganos del Estado, respetar y promover los derechos contenidos en tratados internacionales ratificados por Chile. En ese momento cambió radicalmente el sistema de fuentes del Derecho, incorporando al ordenamiento interno, un conjunto de garantías que han sido fundamentales en el tratamiento de conflictos relacionados con los derechos de primera, segunda y tercera generación, entre muchas otras consecuencias.

La adhesión al Sistema Interamericano de Derechos Humanos, es una cuestión continental, como se lee en el Artículo 46 de la Constitución de Guatemala de 1985, el Artículo 46 de la Constitución de Nicaragua de 1987, el Artículo 4 de la Constitución de Brasil de 1988, el Artículo 93 de la Constitución de Colombia de 1991, el Artículo 75 de la Constitución de Argentina de 1994, el artículo 17 de la Constitución de Ecuador de 1998, por mencionar algunos ejemplos. No hay razón alguna para restar a nuestro país, de la comunidad de naciones civilizadas insertas en la moderna tendencia.

La consecuencia más importante, es que la nueva Constitución debiera inspirarse en los compromisos internacionales de nuestro país.  No hay hoja en blanco, en cuanto las fuentes del Derecho incorporan tratados como la Convención Americana de Derechos Humanos o en el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, nueve en total y unos cuantos protocolos facultativos. Existe además una constitución histórica, que surge de la lenta evolución de las instituciones políticas, en al menos 10 textos fundamentales, sin perjuicio de la constitución social, que nace de las características culturales, económicas y las conductas de la colectividad, lo que se identifica con el comportamiento político de los individuos.

Tanto en lo histórico como en lo social, existe una adhesión original a la democracia como forma de gobierno y al Estado de Derecho, también debo decir, desafortunadamente al estado unitario. Soy partidario de formas de Estado, con fuertes y autónomos poderes locales.

Los factores apuntados, van a ser esenciales a la hora de discutir un nuevo texto. Cuando se propone la hoja en blanco, se parte de un supuesto impracticable, tramposo, que crea expectativas falsas. No es posible desconocer ni las obligaciones internacionales, ni la historia ni las características sociales de nuestro país.

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