La pelota en el piso

La Constitución no hace la felicidad.  Con un nuevo texto no seremos más virtuosos, ni solucionaremos de golpe la  desigualdad social que hemos arrastrado por tantos años. Si estuviera vigente la Constitución moralista de 1823, no habría evitado las zozobras de nuestro sistema político en materia de financiamiento de los partidos, el deterioro de las instituciones referentes o el divorcio entre representantes y representados. La Carta de Derechos, es por sobre todo, contención del poder.

En un esquema simple, por una parte regula los órganos que hacen la política, en nuestro caso sobre la base de la división tripartita del poder en lo administrativo, ordenador y de juzgamiento y por la otra, diseña los órganos que tienen por objeto controlar el ejercicio del poder político, el poder neutro, proyectado en instituciones como la Contraloría, el Banco Central o el Tribunal Constitucional. Por cierto, garantiza un conjunto de libertades e igualdades y al mismo tiempo entrega las formas a través de las cuales podemos reclamarlas del Estado y nuestro semejantes.

En esa apretada síntesis se juega el debate de los próximos dos años (y medio), que no será uno de políticas públicas, como la superación de la pobreza o la seguridad de las personas o el marco legal de las relaciones laborales. Estas cuestiones son propias de los programas políticos, de las coaliciones que aspiran a ejercer el poder en la Presidencia de la República, en el Congreso. Se deben aclarar las cosas , porque veo tremendas expectativas en el proceso constituyente, como fórmula inmediata de solución de los problemas sociales.

Cuestión distinta y no menos importante, una Constitución demora varios años en ser implementada a cabalidad, también porque se debe dictar la normativa complementaria, que debiera ser trabajo del Congreso, que no será el actual, por cierto.

Es tarea de los políticos, poner estos temas en la agenda. La impaciencia colectiva, puede ser el peor enemigo del proceso constituyente, al igual que la ausencia de acuerdos sólidos al interior de la Convención. Pasado el entusiasmo inicial del triunfo del apruebo, es momento de sincerar y aclarar las expectativas desde la mas absoluta realidad.

Abogado, Magister en Derecho Penal, Profesor de Derecho Penal, Procedimiento Penal y Litigación Oral.

1 comments On La pelota en el piso

  • «La impaciencia colectiva, puede ser el peor enemigo del proceso constituyente…» Muy acertada la frase, quiero ver como van a manejar las expectativas que generaron sobre la nva.Constitución.

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